Pautas prácticas para prevenir cólicos, úlceras gástricas y estrés oxidativo mediante un manejo eficiente del forraje y la suplementación
Las transiciones de dieta y las exigencias del entrenamiento de pretemporada exponen al caballo de polo a riesgos como colitis, cólicos, laminitis y úlceras gástricas. Anticiparse a estas complicaciones es la mejor estrategia para mantener al petiso en su máximo nivel competitivo.
En esta etapa, el manejo nutricional no debe pensarse únicamente desde el rendimiento, sino también desde la prevención. Un caballo que atraviesa cambios bruscos de alimentación, largos períodos de ayuno o una mala distribución de la ración puede ver afectada su salud digestiva, su recuperación y su capacidad de sostener el trabajo.
El forraje como punto de partida
El punto de partida para garantizar la salud digestiva radica en ofrecer como mínimo un 1,5% del peso vivo en materia seca de forraje de alta calidad.
El forraje cumple un rol central en la dieta del caballo: estimula la masticación, favorece la producción de saliva, ayuda a mantener estable la microbiota intestinal y reduce los riesgos asociados al ayuno prolongado.
En caballos de polo, especialmente durante la pretemporada, esta base de fibra es fundamental para acompañar el aumento progresivo del entrenamiento sin comprometer el sistema digestivo.
Orden de alimentación: primero el forraje
Además de la cantidad, también importa el orden en el que se ofrecen los alimentos.
Es crucial respetar el orden de alimentación: siempre ofrecer forraje en primer lugar y luego el concentrado. Esta práctica permite preparar mejor el sistema digestivo y favorecer un aprovechamiento más eficiente de la ración.
Cuando el concentrado se ofrece antes del forraje, puede aumentar el riesgo de alteraciones digestivas, especialmente si se administran grandes volúmenes o alimentos con alto contenido de almidón.
Por eso, una rutina simple pero efectiva es comenzar siempre por el pasto, heno o fibra larga, y luego avanzar con la ración correspondiente.
Fraccionar la ración para reducir riesgos
El caballo tiene un sistema digestivo sensible y un estómago relativamente pequeño en relación con su tamaño corporal. Por eso, concentrar grandes cantidades de alimento en pocas comidas puede generar sobrecargas.
En caballos de polo, se recomienda fraccionar las raciones de granos en 3 o 4 comidas pequeñas diarias, evitando superar los 2 g de almidón + azúcar por kg de peso vivo por comida.
Esta práctica ayuda a:
- Mejorar la digestión.
- Reducir la sobrecarga del sistema digestivo.
- Disminuir el riesgo de cólicos.
- Evitar picos bruscos de fermentación.
- Favorecer una energía más estable durante el día.
La regularidad también es clave. Mantener horarios constantes y evitar cambios repentinos ayuda a sostener la salud digestiva y el rendimiento.
Ayuno, slow feeders y microbiota intestinal
Los períodos prolongados sin alimento pueden aumentar el riesgo de úlceras gástricas, especialmente en caballos estabulados o sometidos a entrenamiento intenso.
El uso de slow feeders y la reducción de los períodos de ayuno ayudan a mantener una ingesta más constante de forraje, favoreciendo el equilibrio digestivo y la estabilidad de la microbiota intestinal.
Estas herramientas permiten que el caballo coma de manera más lenta y continua, imitando mejor su comportamiento natural de pastoreo.
En caballerizas, donde el manejo diario suele estar más estructurado, este tipo de recursos puede ser especialmente útil para prevenir problemas digestivos.
Antioxidantes: un escudo muscular frente al esfuerzo
Por otro lado, la prevención muscular y metabólica requiere una adecuada suplementación.
Los antioxidantes, como la vitamina E y el selenio, actúan como un “escudo muscular”, ayudando a neutralizar los radicales libres y reduciendo el estrés oxidativo provocado por el trabajo intenso.
En caballos de polo, donde los esfuerzos combinan velocidad, potencia, cambios de ritmo y recuperación rápida, este soporte resulta clave para proteger la función muscular y acompañar la adaptación al entrenamiento.
Electrolitos y magnesio: hidratación y prevención de fatiga
Los electrolitos, como sodio, potasio y cloro, junto con el magnesio, son fundamentales para evitar la deshidratación y la fatiga muscular durante y después del ejercicio.
Durante el trabajo, el caballo pierde agua y minerales a través del sudor. Si esas pérdidas no se reponen adecuadamente, puede disminuir el rendimiento, aumentar la fatiga y comprometer la recuperación.
Por eso, en etapas de entrenamiento intenso, calor o alta sudoración, la reposición de electrolitos debe formar parte de la estrategia nutricional.
Soporte digestivo frente al estrés y los cambios de dieta
La inclusión de prebióticos, como MOS, y probióticos, como levaduras, ayuda a preservar el equilibrio de la flora intestinal frente a cambios de dieta o situaciones de estrés.
Este soporte digestivo es especialmente importante en caballos que atraviesan transiciones alimentarias, traslados, aumento de entrenamiento o modificaciones en la rutina.
Una microbiota intestinal estable favorece una mejor digestión, mayor aprovechamiento de nutrientes y menor riesgo de alteraciones digestivas.
Rutina, movimiento y manejo integral
Implementar rutinas constantes, fomentar el movimiento y estructurar una nutrición equilibrada ayuda a evitar caídas en el rendimiento y favorece la longevidad deportiva del caballo.
La prevención no depende de una sola decisión, sino de un sistema completo de manejo:
- Forraje suficiente y de calidad.
- Concentrado bien fraccionado.
- Orden correcto de alimentación.
- Menos períodos de ayuno.
- Hidratación adecuada.
- Reposición de electrolitos.
- Antioxidantes para soporte muscular.
- Prebióticos y probióticos cuando el caso lo requiera.
- Rutinas constantes y manejo del estrés.
Conclusión
La prevención de úlceras, cólicos y fatiga muscular en caballos de polo empieza mucho antes de que aparezca el problema.
Una estrategia nutricional bien planificada permite cuidar la salud digestiva, sostener el rendimiento y acompañar la recuperación del caballo durante las etapas de mayor exigencia.
En el polo, llegar bien a la cancha no depende solo del entrenamiento. También depende de cómo se alimenta, hidrata, recupera y maneja cada caballo todos los días.
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